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jueves, 16 de octubre de 2025

El poder adquisitivo en Argentina y la realidad patagónica tras el informe del INDEC – Septiembre 2025

 El poder adquisitivo de los argentinos atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años; a pesar de los ajustes salariales y las negociaciones paritarias, los ingresos reales continúan perdiendo terreno frente a la inflación, reflejando un deterioro sostenido en la capacidad de compra de los hogares.


Los últimos informes del INDEC confirman que, durante 2025, los salarios aumentaron en promedio por debajo del índice de precios al consumidor. En términos reales, el poder adquisitivo se redujo alrededor de un 5 % respecto al año anterior, afectando tanto a trabajadores formales como informales, en todos los niveles de ingreso.

En Septiembre, el organismo también actualizó las líneas de indigencia y pobreza, a partir de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT).
De acuerdo con esos valores, una familia tipo de 4 integrantes necesitó alrededor de $1.150.000 mensuales para no ser considerada pobre, mientras que 1 persona sola debió contar con más de $365.000 para cubrir sus necesidades básicas.

Si bien estos valores son de referencia nacional, las diferencias regionales son notorias, en la Patagonia, el costo de vida es más alto debido a la distancia de los centros de distribución, el clima, y los precios diferenciados de bienes y servicios, esto impacta directamente sobre la capacidad real de los salarios para cubrir la canasta básica.


La realidad patagónica: pobreza, indigencia y pérdida de poder de compra.

Según los últimos datos publicados por el INDEC, la Patagonia registró una tasa de pobreza del 33,5 % de las personas en el 2do semestre de 2024, con un 4,5 % de indigencia, aunque estos valores son menores al promedio nacional —que superó el 38 % de pobreza—, muestran un incremento sostenido respecto de años anteriores, especialmente en los aglomerados urbanos donde el costo de los alimentos creció hasta un 20 % más que el promedio nacional.

Al separar los datos por ciudad, las diferencias se vuelven más claras: (algunos ejemplos)

En el conglomerado Trelew-Rawson, la pobreza alcanzó al 28,1 % de las personas, con una indigencia del 9,2 %.

En Viedma-Carmen de Patagones, los índices fueron más elevados: 39,4 % de pobreza y 7 % de indigencia.

En general, los hogares patagónicos presentan un mayor costo en rubros como alimentos, energía, transporte y alquileres, lo que presiona aún más los ingresos familiares.


En la práctica, esto significa que vivir en la Patagonia cuesta más y por lo tanto el umbral de pobreza efectivo es superior al promedio nacional; una familia tipo en la región necesita ingresos que superen holgadamente el millón doscientos mil pesos ($1.200.000) para no caer bajo la línea de pobreza, y un trabajador individual debería percibir más de cuatrocientos mil pesos ($400.000) netos para mantener el poder adquisitivo necesario para cubrir la canasta total.









Conclusión


El panorama actual muestra una realidad compleja incluso en una región con menor desempleo y mejores salarios promedio como la Patagonia, el incremento sostenido del costo de vida licúa buena parte de las mejoras nominales, la brecha entre ingresos y precios continúa ampliándose y el trabajo formal ya no garantiza, por sí solo, la salida de la pobreza.

Resulta imprescindible avanzar hacia políticas que protejan el salario real, promuevan la recuperación del poder de compra y aseguren un acceso equitativo a bienes y servicios básicos, especialmente en zonas donde la vida cotidiana implica costos estructuralmente más altos.

Solo así podrá sostenerse una economía regional equilibrada, con salarios dignos y condiciones que reflejen la verdadera realidad del sur argentino: una región productiva, resiliente, pero que hoy también enfrenta los desafíos de la pérdida del poder adquisitivo y el aumento del costo de vivir en la Patagonia.

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