El poder adquisitivo de los argentinos atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años; a pesar de los ajustes salariales y las negociaciones paritarias, los ingresos reales continúan perdiendo terreno frente a la inflación, reflejando un deterioro sostenido en la capacidad de compra de los hogares.
Los últimos informes del INDEC confirman que,
durante 2025, los salarios aumentaron en promedio por debajo del
índice de precios al consumidor. En términos reales, el poder
adquisitivo se redujo alrededor de un 5 % respecto al año anterior,
afectando tanto a trabajadores formales como informales, en todos los
niveles de ingreso.
En Septiembre, el organismo también
actualizó las líneas de indigencia y pobreza, a partir de la
Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica
Total (CBT).
De acuerdo con esos valores, una familia tipo
de 4 integrantes necesitó alrededor de $1.150.000 mensuales para no
ser considerada pobre, mientras que 1 persona sola debió contar con
más de $365.000 para cubrir sus necesidades básicas.
Si
bien estos valores son de referencia nacional, las diferencias
regionales son notorias, en la Patagonia, el costo de vida es más
alto debido a la distancia de los centros de distribución, el clima,
y los precios diferenciados de bienes y servicios, esto impacta
directamente sobre la capacidad real de los salarios para cubrir la
canasta básica.
La realidad patagónica:
pobreza, indigencia y pérdida de poder de compra.
Según
los últimos datos publicados por el INDEC, la Patagonia
registró una tasa de pobreza del 33,5 % de las personas en el 2do
semestre de 2024, con un 4,5 % de indigencia, aunque estos valores
son menores al promedio nacional —que superó el 38 % de pobreza—,
muestran un incremento sostenido respecto de años anteriores,
especialmente en los aglomerados urbanos donde el costo de los
alimentos creció hasta un 20 % más que el promedio nacional.
Al
separar los datos por ciudad, las diferencias se vuelven más claras:
(algunos ejemplos)
En el conglomerado Trelew-Rawson,
la pobreza alcanzó al 28,1 % de las personas, con una indigencia del
9,2 %.
En Viedma-Carmen de Patagones, los índices
fueron más elevados: 39,4 % de pobreza y 7 % de indigencia.
En
general, los hogares patagónicos presentan un mayor costo en rubros
como alimentos, energía, transporte y alquileres, lo que presiona
aún más los ingresos familiares.
En la práctica,
esto significa que vivir en la Patagonia cuesta más y por lo tanto
el umbral de pobreza efectivo es superior al promedio nacional; una
familia tipo en la región necesita ingresos que superen holgadamente
el millón doscientos mil pesos ($1.200.000) para no caer bajo la
línea de pobreza, y un trabajador individual debería percibir más
de cuatrocientos mil pesos ($400.000) netos para mantener el poder
adquisitivo necesario para cubrir la canasta total.
Conclusión
El panorama actual muestra una realidad compleja incluso
en una región con menor desempleo y mejores salarios promedio como
la Patagonia, el incremento sostenido del costo de vida licúa buena
parte de las mejoras nominales, la brecha entre ingresos y precios
continúa ampliándose y el trabajo formal ya no garantiza, por sí
solo, la salida de la pobreza.
Resulta imprescindible
avanzar hacia políticas que protejan el salario real, promuevan la
recuperación del poder de compra y aseguren un acceso equitativo a
bienes y servicios básicos, especialmente en zonas donde la vida
cotidiana implica costos estructuralmente más altos.
Solo
así podrá sostenerse una economía regional equilibrada, con
salarios dignos y condiciones que reflejen la verdadera realidad del
sur argentino: una región productiva, resiliente, pero que hoy
también enfrenta los desafíos de la pérdida del poder adquisitivo
y el aumento del costo de vivir en la Patagonia.

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