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lunes, 24 de enero de 2022

De producirse un gran terremoto en Cascadia, los residentes del Noroeste del Pacífico solo tendrían 10 minutos para huir antes de la llegada del tsunami

 Un mega terremoto en la zona de Cascadia daría un margen de tiempo de tan solo 10 minutos a los residentes en el Noroeste del Pacífico para huir antes de que llegara un tsunami. Algunos, ni siquiera tendrían ese margen de tiempo. La tierra se hundiría bajo sus pies.

Un mega terremoto en la zona de subducción de Cascadia sería devastador. Así lo ha asegurado el Servicio Geológico de Washington, el 10 de enero de 2022, en base al escenario pronosticado por ordenador.

El informe muestra lo que sucedería a las ciudades, los ríos, las playas y las zonas bajas en la península Olímpica. Ya anteriormente, el Servicio Geológico había publicado mapas para la costa sudoeste de Washington, las islas de San Juan y Puget Sound. El informe incluye mapas detallados desde el norte de Grays Harbor hasta Port Townsend. Todo ello, con el objetivo de preparar a los funcionarios encargados de la protección de la población como para advertir a la población sobre los peligros potenciales.

Área que abarca la Zona de Subducción de Cascadia

La zona de subducción de Cascadia se extiende desde el norte de la isla de Vancouver, en Canadá, hasta el norte de California, en Estados Unidos. Es el punto de subducción de las placas Explorer, Juan de Fuca y Gorda bajo la placa de América del Norte. Empieza cerca del cabo Mendocino, en el norte de California, pasando por Oregón y Washington, y termina en la isla de Vancouver, en la Columbia Británica.

Pronóstico de un gran terremoto en la zona de subducción de Cascadia

El pronóstico se realizó partiendo de un gran terremoto que tiene lugar en la zona de subducción de Cascadia, a unos 129-161 kilómetros (80 a 100 millas) de la costa de Washington, donde la placa tectónica Juan de Fuca se desliza bajo la placa de América del Norte.

El evento, de “desgarro completo” tendría lugar en toda su extensión, desde el norte de California hasta el norte de la isla de Vancouver.

Según ha explicado la geóloga jefa del Departamento de Peligros del Servicio Geológico, existe mucha evidencia geológica de que estos terremotos y tsunamis han sucedido muchas veces. Han transcurrido 322 años desde la última vez que sucedió, por lo que es cuestión de tiempo antes de que vuelva a suceder.

El terremoto posiblemente podría durar entre seis y seis minutos y servir como una llamada de atención para huir inmediatamente a terreno elevado.

Según esta geóloga, este terremoto debería servir como alerta.

Consecuencias de un gran terremoto en la zona de subducción de Cascadia






Al parecer, el mismo terremoto provocaría un cambio en el terreno al hundirse la zona costera de Washington con respecto a las zonas al oeste de la falla. El cambio en el nivel del mar inundaría las zonas vulnerables hasta 1,5 metros (5 pies), según el modelo de pronóstico realizado.

Según han podido contrastar los científicos, de las pruebas obtenidas en la zona del río Copalis, ya ha sucedido antes. Los árboles murieron por la inundación del agua marina tras el terremoto del año 1700.

Como continuación a un gran terremoto en la falla de Cascadia, las simulaciones llevadas a cabo por el ordenador muestran que la pequeña ciudad de La Push sería la primera en sufrir el impacto de un tsunami, 10 minutos después del movimiento telúrico. 

Una pared de agua enorme y que se desplaza a gran velocidad. Como si se tratara de un avión ultrasónico.

En unos 30 minutos, muchas zonas de la costa se verían azotadas por olas de tsunami. Olas cuyas alturas podrían variar, pero la predicción calcula que podrían ser de 9 metros (30 pies) o más altas.

Como consecuencia de ello, la mayoría de las playas del Pacífico quedarían sumergidas bajo 18 metros (60 pies) de agua.

Según el informe, las olas podrían alcanzar las Reservas Hoh, Queets, Taholah y Quinault, así como Moclips, Pacific Beach, Iron Springs, Ocean City y Copalis Beach. Además, la desembocadura del río Hoh podría inundarse hasta una profundidad de 30 metros (100 pies).

En el transcurso de 1 hora desde el terremoto, una ola de 6 metros (20 pies) de altura impactaría contra Port Ángeles. La estación de la Guardia Costera de los Estados Unidos quedaría sumergida bajo 4,5 metros (15 pies) de agua o más tan solo 1 hora después del terremoto.

Sin embargo, este no sería el final. Durante unas ocho horas, no dejarían de impactar olas de tsunami contra la costa, siendo un riesgo potencial durante todo el día siguiente al terremoto.

La velocidad y profundidad de las olas de tsunami hace que sean peligrosas, además de todo lo que pueden arrastrar con ellas.

Posibilidad de supervivencia tras mega terremoto y tsunami

En inundaciones con profundidades superiores a los 1,8 metros (6 pies), la posibilidad de supervivencia para una persona al aire libre o dentro o sobre la mayoría de las estructuras convencionales, según explica el informe, es poco probable. Afortunadamente, la supervivencia sigue siendo muy probable dentro o sobre un edificio reforzado y especialmente diseñado, como una estructura de evacuación vertical.

Para aquellas personas a quienes sorprenda al aire libre, subirse a lo más alto de un edificio o al tejado de un edificio seguro, podría ser su salvación. Incluso subirse a un árbol es mejor que quedarse en el suelo, aclara el informe.

Pero, no solo los terremotos pueden generar terremotos. Los últimos meses nos han demostrado que también pueden formarse tsunamis por erupciones volcánicas o deslizamientos de tierras, e incluso por el impacto de un meteorito.

Vía: Alerta tierra !!! 

martes, 11 de enero de 2022

Clima extremo y cambio climático: el multiplicador de riesgo !!!

La cantidad de personas que necesitan ayuda de emergencia en todo el mundo superará los 200 millones este año, según proyecciones de la ONU. La tendencia está impulsada por los extremos climáticos y los conflictos.

Las necesidades humanitarias globales se están disparando, y los extremos climáticos alimentados por el cambio climático están inyectando aún más volatilidad en la mezcla. Las predicciones apocalípticas de un mundo que se calienta pasan por alto el importante papel de apoyo del cambio climático en las emergencias actuales. El cambio climático es un multiplicador de riesgos: expone vulnerabilidades, aumenta los costos de respuesta y agrega nuevo combustible a las crisis existentes.

Ocho de las peores crisis alimentarias del mundo están vinculadas tanto a conflictos como a choques climáticos, según el brazo de coordinación de ayuda humanitaria de la ONU, OCHA . Y el cambio climático puede prolongar los conflictos existentes al exacerbar la pobreza, la desigualdad y la inseguridad alimentaria, según un estudio reciente de la Cruz Roja Noruega. Sus marcas están garabateadas sobre emergencias recientes, desde tormentas gemelas sin precedentes que azotan a Mozambique, hasta el agonizante y lento aluvión del huracán Dorian sobre las Bahamas, hasta la sequía que está provocando una hambruna de nivel crítico para 45 millones de personas en partes de África. Se han superado las primeras previsiones sobre el número de personas que necesitarían ayuda en 2019en más de 20 millones antes de que terminara el año, una tendencia impulsada por los conflictos y el clima extremo, según la ONU. Pero las huellas del cambio climático también se encuentran más allá de los llamamientos humanitarios que acaparan los titulares: en aldeas abandonadas, vaciadas dos años después de que lluvias extremas acabaran con las cosechas; entre las familias que migran definitivamente después de que una tormenta destruyó sus medios de subsistencia; o entre comunidades afectadas por la sequía que compiten por recursos cada vez más escasos.

Todo el sector de la ayuda, tanto los intervinientes locales como los actores internacionales, tendrá que descubrir cómo planificar para el cambio climático, aunque las necesidades de respuesta ya superan con creces la financiación existente. Anticipándose a la migración futura y actual, algunas naciones insulares del Pacífico han aprobado leyes que rigen la reubicación de aldeas y las políticas de desplazamiento climático . Sin embargo, muchas respuestas humanitarias a corto plazo son menos proactivas. Un próximo estudio de la Universidad de Yale , por ejemplo, encontró que solo el tres por ciento de los proyectos de ayuda propuestos en cinco países afectados por desastres estaban relacionados con el cambio climático. La mayoría de las muertes por desastres ocurren en estados frágiles, pero una investigación del Overseas Development Institute encontró poca financiación para la reducción del riesgo de desastres en áreas de conflicto.. Y, según un informe de diciembre de la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas, se necesita una comprensión más profunda de las formas en que el cambio climático afecta de manera diferente a mujeres y hombres , y mejores esfuerzos para incorporar esto en la planificación de la respuesta.